Hace unos días, leí en algún artículo de prensa que, ante la finalización del curso universitario y el comienzo del próximo, los universitarios empezaban a buscar ocupación no sólo para el verano, sino también para un tiempo más largo; un trabajo de largo recorrido que les permitiera pagar sus estudios y complementar las becas que cada vez son menos cuantiosas. Así, el mercado laboral se llena de jóvenes estudiantes con poca experiencia y mucha preparación, que aumentan la precariedad de los trabajos y también el número de desempleados.

Hablaba también ese artículo de una nueva tendencia entre estos jóvenes, y era los videos de universitarias que estaban empezando a subirse a las páginas online de adultos: chicas que se lanzan al porno amateur como una forma rápida y fácil de ganar dinero. Muchas de ellas no tienen intención de hacer carrera en el mundo del cine x, sino más bien conseguir unos ingresos puntuales para un momento determinado de su vida, justamente éste en el que necesitan más liquidez para poder conseguir mantener sus estudios. Era una forma de acceso a un trabajo y a un sueldo más o menos estable sencilla y al alcance de casi todas ellas.

Por supuesto, la gran mayoría de ellas, que no llegaban nunca a alcanzar fama como actrices porno, intentaban por todos los medios mantenerse en el anonimato, y procuraban incluso esconder sus rostros siempre que era posible. Y eso quiere decir que realmente no debían estar muy contentas con lo que estaban haciendo, aunque, al fin y al cabo ¿no es la pornografía una especie de arte? Realmente, los prejuicios han hecho mella en ella, pero no hay que olvidar que este tipo de representaciones no eran en un principio eróticas, sino que pretendían mostrar una faceta de la vida cotidiana, cuando las relaciones sexuales, e incluso el sexo en público, estaban mucho mejor vistos e incluso formaba parte de la vida social (recordemos las orgías griegas y romanas, que a pesar de ser celebraciones religiosas, seguramente acababan por convertirse en un despiporre total).

Pero no olvidemos que en muchas de nuestras artes se han tomado elementos pornográficos para hacer el contenido más atractivo. ¿O acaso no han echado mano de ellos la pintura, la música, el cine, la fotografía? Y es bastante curioso que muchos de los nuevos estudiantes universitarios estén más que interesados en todo lo que tiene que ver con los estudios de arte; al parecer, estas disciplinas han visto cómo sus aulas han tenido un incremento de estudiantes en los últimos años. Si en vez de considerarlo algo burdo y propio de gente vicioso, supiéramos entender la pornografía como una corriente cultural, ¿no sería algo a introducir en el temario de cualquier estudio relacionado con las bellas artes?

Aunque realmente, no creo que los universitarios y universitarias estén mucho por la labor de comerse el coco con estas cuestiones. Siendo una generación que ha crecido al amparo de internet, que en los últimos años se ha generalizado y ha llegado a la gran mayoría de hogares, han mamado el porno online desde muy jovencitos, por lo que para ellos todo esto de la pornografía se podría considerar el pan de cada día; un elemento más en sus vidas que para muchos ni siquiera es novedad, por estar tan acostumbrados. Puede que esta tendencia a los videos xxx amateur sea tan solo una moda que se ha impuesto, y que en poco tiempo deje de ser una salida laboral, como no hace mucho sólo era una forma de ocio. Criticar toda esta situación, o intentar analizarla, puede llegar a ser una pérdida de tiempo; para mí, que haríamos mucho mejor en normalizarla e intentar canalizar de alguna forma hacia una forma constructiva de usar la pornografía, si es que tanto nos interesa.

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